18/02/2010
PRECIOS, MONEDA E INFLACIÓNLa ciencia económica es una ciencia teórica y para analizar cualquiera de los problemas económicos lleva a cabo un análisis lógico.
Es por ello que si se habla de inflación es fundamental entender que se entiende por dicho fenómeno y para ello necesitamos preguntarnos sobre los precios y la moneda, que están en la base de todo proceso de valorización.
En un Semanario anterior habíamos manifestado que 'si los precios no son libres no son señales', y 'si no son señales, no sirven para nada'.
El sistema de precios es el corazón de las economías de mercados.
A través de él se coordinan los millones de planes de los productores y los consumidores. Podríamos definir a los precios como un 'sistema de señales'.
¿Pero que es un precio?
El precio es la relación de valor entre un artículo y otro que hace de unidad de cuenta, que es la moneda. Cuando decimos que un casa vale tantos pesos y que un trabajador cobra mensualmente determinada cantidad de pesos, estamos relacionando el mencionado
bien y el servicio laboral con tantas unidades de moneda.
Reparemos atentamente en nuestra afirmación sobre lo que es un precio: es la relación de valor entre un artículo y otro que hace de unidad de cuenta. Pero, ¿a qué valor nos estamos refiriendo?
Tenemos dos tipos de valor: a) el valor de uso, es decir, qué es lo que vale un determinado bien para mí, es decir la apreciación subjetiva que tenemos de ese bien, y
b) el valor de cambio, es decir qué vale un bien en relación a otro bien. De todas maneras, el valor de uso es primero y sirve de fundamento del valor de cambio.
Con respecto al valor de cambio, en la historia del pensamiento económico se han presentado dos teorías:
a) la teoría objetiva del valor: el valor de cambio está determinado por el costo de producción o la cantidad de horas de trabajo que se necesitan para producir los bienes, y b) la teoría subjetiva del valor: el valor de cambio está determinado por la apreciación subjetiva de las personas y la mayor o menor escasez de los bienes.
La teoría objetiva del valor fue desarrollada por los autores clásicos:
Adam Smith (1776), a través del costo de producción; David Ricardo (1817), a través del trabajo como unidad de medida y John Stuart Mill (1848), mediante ideas similares. Posteriormente, Carlos Marx, partiendo de la teoría ricardiana, desarrolló una teoría en la que todo valor estaba determinado por el trabajo humano, de la cual deducía su teoría de la explotación. A partir de 1870 la teoría objetiva fue perdiendo adeptos y en el siglo XX y en el actual los autores marxistas y algunos economistas occidentales, como el italiano
Piero Sraffa y algunos de sus discípulos (que constituyeron la escuela neoricardiana), son una respetada minoría.
El principio fundamental de la teoría objetiva (ya formulado por Aristóteles), parte de que 'todo intercambio refleja una igualdad entre lo que se entrega y lo que se recibe. Como desde el punto de vista material con que están construidos o según la finalidad para la que están destinados, ambos bienes son distintos, porque sería ilógico realizar un intercambio del mismo bien, la igualdad mencionada tiene que residir en otra cosa: no queda más escapatoria que sostener que la igualdad se basa en igual costo de producción o en la misma cantidad de horas de trabajo para producir ambos bienes.
Queda otra posibilidad que es el del intercambio de 'mercancías por medio de mercancías' tal como lo propusiera el economista Sraffa, pero la misma es un desarrollo teórico. Para que esto tenga un fin práctico y concreto, ese costo de producción, esa cantidad de horas de trabajo, o esa matriz de mercancías, tiene que poder ser medido o cuantificado.
Pero, ¿quién mide o quién cuantifica?
Las personas no podrían hacerlo porque, en principio, nadie intercambia ningún bien por otro si ambos tienen para él, el mismo valor. Por lo tanto, tiene que intervenir un ente externo, que puede ser un ministerio o algún otro organismo del Estado. Podría pensarse que los individuos podrían llegar a hacer un intercambio igualitario, donde ambos bienes tienen incorporados la misma cantidad de horas de trabajo, renunciando a sus preferencias o apetencias particulares.
Pero esto estaría en total contradicción con la psicología humana. El ser humano actúa buscando satisfacer sus necesidades en un orden jerárquico, por lo tanto, no podría asumir una posición contradictoria donde su apreciación subjetiva choca con una estimación objetiva que iguala las horas de trabajo del bien que entrega con las del bien que recibe.
A partir de lo dicho en los párrafos anteriores, no cabe la menor duda que debemos cuestionar el principio del cual parte la teoría objetiva del valor: que en todo intercambio hay una igualdad entre lo que se entrega y lo que se recibe, y reemplazar dicho principio por otro principio: en todo intercambio hay una doble desigualdad:
el bien que recibo tiene que valer para mí más que el bien que entrego, y viceversa para la otra persona.
En base a lo anterior, no queda otra opción razonable que aceptar la teoría subjetiva del valor. Según ésta, las libres apreciaciones subjetivas de las personas se entrecruzan en los mercados y dan origen a los precios.
De lo anterior se deduce, siguiendo un camino lógico, que los precios tienen una base subjetiva y que no pueden fijarse 'autoritariamente'.
Pero hay otro aspecto que es fundamental. Si relacionamos dos precios: el de una casa y el del servicio laboral o salario estamos en presencia de los llamados 'precios relativos'. En realidad, todo precio expresado en una determinada cantidad de moneda es un precio relativo, entre el valor que damos al bien en relación al valor que damos al dinero.
Pero no existen solamente dos precios, el de la casa y el salario, sino que existen millones y millones de bienes y servicios y, por lo tanto, millones y millones de precios. Y si los relacionamos, unos con otros, tenemos muchísimos precios relativos.
Si en una economía hay 100 millones de artículos y servicios, hay 100 millones de precios monetarios, y si relacionamos cada uno de estos con los restantes 99.999.999 precios, tendríamos una cantidad de precios relativos de trillones de trillones de trillones y así hasta casi el infinito.
Los precios de los bienes y servicios responden a muchos factores, como los gustos, las apreciaciones subjetivas de la gente, la mayor o menor escasez, etc., por lo que van variando con el paso del tiempo. Algunos precios tienen una modificación lenta, otros, por el contrario, varían segundo a segundo, respondiendo a centenares de informaciones provenientes de distintos lugares del mundo (climáticas, políticas o de otro tipo). Pensar que los precios no varían con el transcurso del tiempo es pensar en una economía rígida, totalmente esclerosada, es decir una economía donde los precios no son señales de las cambiantes situaciones que se registran en la vida económica. De lo anterior se deduce rápidamente que si quisiéramos manejar esos precios desde un Ministerio o cualquier organismo centralizado nos encontraríamos con una 'imposibilidad matemática'.
Los bienes que el ser humano intercambia existen en una variedad casi infinita, los hay materiales, como puede ser el carbón, el trigo, el petróleo, un auto o un inmueble, y los hay inmateriales, como es el conocimiento de una fórmula, una habilidad, un programa, etc. Algunos han surgido de la naturaleza, otros del esfuerzo humano y otros del solo "paso del tiempo" (un vino añejo, una pintura, un rastro arqueológico, etc.). El valor de esos bienes, materiales o inmateriales, depende de su oferta y su demanda, las cuales, a
su vez, dependen de la apreciación subjetiva de la gente a través de la ley de Utilidad Marginal. Esta ley se aplica a todos los bienes, materiales o inmateriales.
Pero entre los innumerables bienes que hemos mencionado hay uno que tiene características especiales: no es ni un bien de consumo ni un bien de capital sino un bien que sirve para el intercambio. Ese bien es la moneda.
Se ha discutido mucho sobre el origen de la moneda. Algunos autores, como Roland Nietzche en su libro "El dinero", sostienen que tiene un origen religioso.
En los pueblos germanos, la palabra geld = dinero, tuvo en su origen el significado de lugar de culto. El mencionado autor dice que el dinero "es un giro librado contra el favor de los dioses".
En el décimo capítulo de la obra de Carl Menger "Principios de Economía" (1871) se estudia profundamente el origen del dinero en las distintas culturas después de haber dedicado a 'las mercancías de uso generalizado' el capítulo noveno. Es decir que según Menger el dinero es un bien de uso generalizado, que la gente desea poseer para comprar otros bienes. Un discípulo, Ludwig von Mises, mostro en 1912, en su "Tratado del dinero y el crédito", que el dinero también está sometido a la utilidad marginal decreciente. Integró de esta manera la teoría monetaria con la teoría del valor a través de su "teorema regresivo del dinero".
Esta concepción unitaria de la teoría económica es fundamental para entender correctamente cual es el papel que juega la moneda y sus enfermedades.
La inflación de precios es una enfermedad que puede tener varias causas mediatas, pero tiene como causa inmediata a la emisión monetaria. Por supuesto que influye la morfología de los mercados (si existen monopolios, oligopolios, etc.), causas sicológicas, presupuestarias, estructurales, etc, pero siempre se concreta a través del aumento en la cantidad de moneda o de su velocidad de circulación (que implica que no demandamos moneda doméstica porque 'es como chocolate caliente que se derrite en los bolsillos'). Detrás de todas esas causas existe una causa primera que es de orden moral. La moneda se deprecia porque el ser humano le ha perdido respeto y confianza, aunque esto no ha sido siempre así. Desde el siglo IV hasta el siglo XIV, durante casi mil años, el Imperio Bizantino, a pesar de pasar por graves peripecias y guerras, mantuvo el valor de su moneda (E. Groseclose, "El hombre y la moneda", 1978).
¿Cuál es el principal daño que produce la inflación?
El principal daño es la distorsión de los precios relativos de la economía. Esa distorsión lleva a la disminución del ahorro, a la baja de la inversión, a la huída de los capitales hacia otras monedas más estables, a la distorsión en la estructura productiva y finalmente a la crisis y al desempleo. Se distinguen también varios tipos de inflación.
Por ejemplo: la inflación abierta y la inflación reprimida.
La famosa inflación alemanda de los años '20 fue una inflación abierta. Los precios cambiaban día a día, hora a hora. En el mes de octubre de 1923 el índice marcó un incremento de alrededor de 25.000 por ciento. La inflación alemana de los años 1935 a 1948, por el contrario, fue una inflación reprimida. Los precios no aumentaban porque
estaban controlados por el gobierno, pero la distorsión de precios relativos fue mucho mayor que en los años '20.
Un gran economista que vivió ambas experiencias inflacionarias, la de los años '20 y la reprimida de los '40, nos referimos a Wilhelm Röpke, dice en un pequeño libro, "Introducción a la economía", que la inflación reprimida fue mucho más grave por sus consecuencias. Esta experiencia de inflación reprimida comenzó con el nazismo en 1935 y luego se prolongó hasta 1948 cuando la Alemania Occidental estaba controlada por las potencias de ocupación (EE.UU., Inglaterra y Francia) en razón a que los técnicos occidentales también creían en los controles de precios (un economista americano, Kenneth Galbraith, publicó en 1952 un libro titulado "A Theory of Price Control" defendiendo los controles de precios). Durante esos años la cantidad de moneda emitida por el Banco Central de Alemania se multiplicó muchas veces y si el sistema de control de precios resistió bastante fue porque la Gestapo se encargada de aquellos que no cumplían con las disposiciones legales. De todas maneras, ya en los últimos años de la guerra en Alemania no se encontraban muchos artículos y en los años siguientes hasta 1948 había mucha moneda pero no existían bienes básicos para comprar (cuenta el mencionado economista Röpke que en esos años 1 sombrero de mujer, que no tenía precio máximo, costaba el equivalente de 5 toneladas de trigo, que sí lo tenía, en un momento en que la gente padecía 'hambre'). La terapia aplicada a partir de junio de 1948, a través de una punción monetaria (por la que se eliminó alrededor del 93% de la moneda a través de la sustitución del Reichmark por el Deutschmark) y la liberación de precios dio lugar al llamado ‘milagro económico alemán’, aunque no fue un milagro sino la aplicación de las medidas correctas.
Fuente: BCR